Bienvenido a la 6ta AGI – #YoSoy132

19 07 2012

Por Alejandra Ibarra Chaoul

Todo mundo tiene una opinión vehemente de las Asambleas Generales Interuniversitarias del movimiento #YoSoy132. Hay los que dicen que es un mecanismo profundamente democrático, otros aseveran que es una desorganización brutal y uno que otro por ahí las proscribe sin saber qué son. De todas estas personas me pregunto, ¿cuántas han ido a una AGI?

Ante la luz de tal desinformación, los invito a revivir conmigo la 6ta Asamblea General Interuniversitaria del pasado jueves 12 de julio en la ENAH, la primera asamblea a la cual asistí como vocera YoSoy132-ITAM. Acompáñenme.

Llegué a la ENAH y en la puerta me encontré inmediatamente con la mesa de registro. Tres jóvenes sentados tras sus escudos laptopianos llenos de bases de datos me dieron la bienvenida. Se aseguraron que sólo hubiera un vocero de mi asamblea adentro y me dejaron pasar después de darme un papel azul que leía “Vocera ITAM- Rhíondo”. No supe si aclarar que era “Río Hondo” y no “Rhíondo” así que entré.

El auditorio estaba casi lleno y como había llegado en plenos discursos de bienvenida, me senté sobre una mesa en el fondo, junto a la entrada. A lado de mí estaba Isreal, egresado de la ENAH y estudiante de maestría. “Va para largo” me dijo mientras —con un movimiento instintivo— se echaba la melena de rastas a la espalda. Israel tenía razón, iba para largo. Después de los discursos iniciales (que fueron en lenguas indígenas con posterior traducción al español) estalló la porra de la ENAH al interior del auditorio, haciendo que todo —incluidos nosotros— retumbara. “Revolución, insurrección y rebeldía… Revolución, insurrección y rebeldía… Revolución, insurrección y rebeldía, ¡abajo y a la izquierda! ¡La Escuela de Antropología!” Reverberaron los asientos y las cajas torácicas de los presentes, pero en la panza nos quedó una voz inquieta, una sed de lucha. Y con eso empezamos a trabajar. 

Lo primero que se hizo fue votar a los miembros de la mesa: uno de escuelas públicas, uno de escuelas privadas y dos de estados en un intento culposo de combatir el centralismo que ha caracterizado a nuestro país desde su formación. Los compañeros que se propusieron para votar la mesa eran una mezcla de colores, actitudes, proveniencias, ideologías, tamaños y sabores como todo en México. La compañera de Durango se presentó dando un discurso emotivo y desgarrador “en Durango, a pesar de haber vivido las peores elecciones en nuestra historia, ya no tenemos miedo” dijo con gritos entrecortados. Aplausos indignados, aplausos ofendido, aplausos de apoyo de sorpresa y de dolor. La compañera de Durango quedó como secretaria de mesa. Los representantes de Sinaloa pasaron a declinar la invitación para ser mesa porque tenían que regresar a sus casas esa noche, pero cedieron sus votos a Michoacán, con quienes tenían afinidad ideológica. El compañero de Nuevo León, estudiante de medicina, se presentó de manera breve, sobria y concisa. Quedó como escrutador. De las escuelas públicas se propusieron unos 8 compañeros, entre los cuales estaba un muchacho de la CCH, que se presentó algo nervioso pero con un entusiasmo que le recavó 3 votos. Quedó para la mesa el compañero de la facultad de Economía de la UNAM. Finalmente, de escuelas privadas se presentó el único candidato que se ha presentado durante las últimas asambleas y  —a falta de otra alternativa— quedó como presidente. Así las cosas. Votando mesa podemos darnos una idea de la diversidad y de las fallas mismas del sistema que tratamos de combatir: hay 2 voceros por estado (de los que pueden venir) representado no sólo varias ciudades, sino varias universidades dentro de las ciudades y varias facultades al interior de las universidades de las cuidades, de las universidades públicas hay dos voceros por facultad o unidad dentro de cada universidad (Derecho UNAM, Medicina UNAM, UAM Atzapozalco, UAM Xochimilco, IPN Zacatenco) y finalmente, hay 2 voceros por cada una de las contadas universidades privadas.

Un vez votada la mesa, empezó la votación del orden del día en que se definirían qué asuntos trataríamos y en qué orden. Era la una de la tarde. La mesa invitaba enérgicamente a que no se repitieran participaciones, pero indudablemente habían voceros que proponían lo —ya 4 veces— propuesto. Después de más o menos una hora de redundancias, un compañero tuvo a bien proponer una orden del día resumida, consistía en tres temas y agrupaba los subtemas que habían salido antes dentro de esas categorías generales. Bravo. La propuesta se voto, se pasó y después de uno que otro vocero presentado su opinión personal como moción de procedimiento, se aceptó.

Después de esto siguió el desarrollo de los temas de la orden del día. Empezamos con Información y Balance, seguimos con Atenco y finalizamos con Planes de Acción. Si siguen conmigo en este recorrido democrático se habrán dado cuenta que los procesos son lentos, tediosos, cansados y poco eficientes. No vale la pena que les detalle cada votación. Les voy a contar lo que se vive ahí adentro.

Cuando te despiertas —temprano— para ir a una AGI sabes que te tienes que vestir con pantalones cómodos, que tienes que ponerte una playera neutral, una buena capa de paciencia y un suéter, porque vas a salir tarde. Sabes que en tu bolsa tienes que meter un cuaderno, hojas sueltas, un pluma, toda la tolerancia que tengas, chicles y dinero para comprarte algo de comer. Antes de salir de tu casa tienes que mentalizarte para dialogar y escuchar, para pasar ratos de hambre, para saberte frustrar sin admitir la derrota sabiendo conceder y para no esperar estar de vuelta en al menos 16 horas. El momento en el que empiezas el día en que irás a la Asamblea sabes que va a ser un día difícil, con madrazos psicológicos, pero que si tienes la mejor disposición y sabes moverte, vas a estar un paso más cerca de transformar al país. Vas porque crees en lo que haces y trabajas para lograrlo.

La Asamblea Interuniversitaria es un ambiente extrañísimo, es como un nuevo ecosistema en sí mismo. Adentro se siente una mezcla de tensión y camaradería. Todos traemos ideas y perspectivas diferentes, pero todos coincidimos en que la cosa está mal y hay que mejorarla. Los del IPN siempre llevan puesto un ceño fruncido —quieren empezar con la lucha ya, los de Filosofía y Letras usan un tono de incredulidad —de sorpresa porque no vemos las cosas como las ven ellos, los del ITAM vestimos nervios —estamos a la expectativa de lo que pueda pasar y al mismo tiempo cargados de ganas impacientes de ser comprendidos, los de Derecho están investidos de silencio y observan —calculando el mejor momento para actuar, los de Neza hieren de impotencia y la comparten a gritos, los de los estados portan una combinación de heroísmo y cautela —todos los vemos admirados y agradecidos, los Académicos irradian paciencia —tienen los datos y la experiencia de su lado.

La AGI de la ENAH es la que más convocatoria ha tenido desde el inicio del movimiento, fuimos 173 asambleas. Ahí se presentó un video, creación de Artistas Aliados, donde se explica el mecanismo de creación y funcionamiento de las asambleas, invitando más quórum. Ese día nos dieron de comer a todos por parte de la Escuela de Antropología una exquisita tinga de zanahoria —así como suena. Me tomó media hora darme cuenta que no contenía pollo. Un platillo sumamente vegano, muy ad hoc para la ENAH. Platicando en el receso escuchamos los discos de Víctor Jara que tocaban los vendedores ambulantes mientras ofrecían DVDs de luchas sociales históricas. Al reingresar al auditorio, la asamblea arrancó con el discurso desgarrador de la madre de Carlos Sinué (estudiante y activista asesinado) contagiándonos a todos de dolor. Pedía ayuda para luchar contra la impunidad de su muerte. “Carlos” gritó la mujer, “¡Presente!” Retumbó el auditorio, “Vive” sollozó, “hoy y siempre” respondimos. “Te quiero hijo…”

Las Asambleas Interuniversitarias son simultáneamente un logro y un obstáculo. En dos meses hemos logrado conformar este órgano autónomo y democrático cuyo documento más importante probablemente sea la declaración de principios. Sin embargo, no es ningún secreto que este monstruo deliberativo es profundamente ineficiente. Democrático y plural, sí, pero obsoleto también. Hasta ahora este ha sido el único mecanismo medianamente funcional. Algo que es central para #YoSoy132 es transmitir la idea de que ésta es una lucha tanto nuestra como tuya, lector, siempre y cuando creas que las cosas pueden ser mejor de lo que son hoy. Abiertamente confieso que las AGI no son mi concepción ideal de un proceso de toma de decisiones ágil y de la creación eficiente de documentos o posturas. Pero por ahora, repito, es lo que hay. Por ahora me despido, hay que empezar a trabajar para la siguiente AGI, el 28 de julio en Morelia, Michoacán. Pero mientras tanto te invito a involucrarte y te pregunto, si no te convencen las Asambleas Interuniversitarias ¿cómo le harías tú?

Video: Manual de la Asamblea #YoSoy132

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