Si te queda el saco, póntelo

13 07 2012
Por Alejandra Ibarra Chaoul
Durante los últimos días, en México han salido a flote los problemas más profundos de nuestra sociedad. La primavera de #YoSoy132 ha sido tan efectiva, que ha despertado al país de la apatía —echando a andar su pensamiento crítico en todas direcciones. Tanto ha funcionado el movimiento, que el florecimiento de las denuncias y las voces de inconformidad atacan a todos. Dentro de estas observaciones, incluso el mismo movimiento ha sido criticado. Qué bueno. #YoSoy132 dio fuerza a las voces desanimadas, dio cabida a la existencia de quejas, dio nacimiento a la denuncia de fallas. Que sigan floreciendo las conciencias, que sigamos pensando, que nos sigamos dando cuenta de lo que no nos gusta y que callarnos haya dejado —para siempre— de ser una opción.

Para los impacientes.
Los invito a acordarse de cómo y cuándo empezó el movimiento #YoSoy132. Empezaron 131 alumnos en una universidad y casi dos meses después nos hemos convertido en una organización de más de 120 universidades a lo largo y ancho del país. Tal vez se les olvida que no somos una institución, que no había una fórmula ni lineamientos a seguir para constituirnos, que lo que hemos logrado lo hemos logrado a partir de la voluntad y la organización. Volteen atrás y perciban nuestro progreso. Roma no se construyó en un día. “#YoSoy132 es un movimiento con un cuerpo orgánico propio, inmerso en una dinámica que lo hace evolucionar rápidamente.”

Para los detractores.
Las únicas fuentes de información no son los titulares de la prensa. La televisión nacional es un duopolio —inconstitucional— que responde a intereses particulares. Los invito a buscar otras opiniones, otros enfoques, y sobre todo, otras fuentes. Los comunicados oficiales de #YoSoy132 están redactados con extremo cuidado, léanlos con atención. Con la misma minucia que analizan al movimiento, analicen los resultados que ha producido el mismo. Revisen la información recopilada por el Cuarto de Paz sobre las irregularidades de las elecciones en las que fungimos como una contraloría ciudadana, disciernan la diferencia entre desconocer a Enrique Peña Nieto y desconocer al proceso mediante el cual ha llegado a estar en donde está. También los invito a proponer, participar y aportar y les recuerdo que en vez de hacer una cacería de brujas, juntos, podemos luchar por una democracia auténtica.

Para los cortoplacistas.
Enrique Peña Nieto es meramente el síntoma de una enfermedad corrosiva. Este señor es circunstancial y su cara, reemplazable. El problema es mucho más grave que EPN, el problema es un sistema podrido. El duopolio televisivo, el periodismo servil a disposición de los políticos y lasencuestas manipuladoras han apadrinado hoy a Enrique Peña Nieto. Mañana, quién sabe. Si la lucha se centra en un hombre, los poderes que lo han colocado quedarán ilesos y tan omnipotentes como siempre. En vez de cortar una de las mil cabezas de la Hidra, enfoquémonos en las raíces que nos están desgarrando.

Para los ratchoiceros.
En México tenemos un sistema político que lucra con las necesidades más básicas de la población. La democracia no la están destruyendo los que vendieron su voto, la están insultando los poderosos que lo ponen a la venta. Los invito a tener un enfoque más modesto y a ser menos paternalistas. Cuando lo que más falta te hace es comer, tener un par de zapatos o sobrevivir, cambiar tu voto por satisfacer cualquiera de estas necesidades básicas no solo es humano, sino profundamente racional. Vender el voto por una tarjeta de Soriana no responde a un vacío ético, sino a uno alimenticio.

Para los simplistas.
El millonario Carlos Slim Helu es de los hombres más ricos del mundo y vive en un país de 52 millones de pobres. Mientras la comunidad indígena de Cherán decide no participar en las elecciones federales, decenas de mexicanos se registran para votar en el extranjero. Después de un sexenio durante el cual murieron más de 60000 personas en la guerra contra el narcotráfico, presenciamos una elección donde el tema de seguridad nacional no figuró. México es incuestionablemente plural —aunque a veces parezca esquizofrénico. ¿Por qué en un país tan profundamente diverso exigen del movimiento #YoSoy132 homogeneidad absoluta? Deténganse a pensar en la inmensa variedad de pensamientos, ideologías, experiencias y maneras de ver la vida que lo conforman. Respeten que ser 132 es personal y que cada miembro entiende la lucha de manera diferente y seguirá siendo parte del movimiento mientras cumpla con los principios generales.

Para los esperanzados.
Sigamos avanzando, no hay que detenernos en nuestros análisis críticos. Luchemos por tener libertad de pensamiento y alcemos la voz por garantizar la libertad de expresión. No nos dejemos manipular y mantengamos los ojos bien abiertos. #YoSoy132 no pertenece a ningún partido político, no somos desorganizados ni incongruentes, somos plurales y trabajadores. No somos, como tantas otras cosas en el país, un peligro para México sino una luz de esperanza y una suma de voluntades que soñamos con algo mejor. #YoSoy132 no somos parte del problema, somos parte de la solución.

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